Conciencia de clase vs la promesa que quizá nunca llegará

La conciencia de clase hoy, NO EXISTE. O al menos está en una agonía dolorosa, mutilada por apariencias y redes sociales, consumismo y aspiraciones irreales.

Desde el famoso "nomás échale ganas" hasta el repugnante "el pobre es pobre porque quiere" se escuchan a diario argumentos como éstos que a la gente le gusta divulgar para justificar su esperanza y su derecho a un día poder ser millonario.

Con poca empatía social y con grandes desigualdades estructurales, las clases medias y bajas estamos bajo un sistema que lo único en lo que se ha convertido es en ser un sistema especializado en alejar cada vez más a estos grupos sociales del resultado que todos queremos: una vida mejor, saludable y digna en todos los sentidos.

Lo que no podemos percibir es que, de una manera muy camuflajeada, se ha encarcelado a las personas en un falso cuento y una falsa promesa de que "mañana todo estará mejor", que como por arte de magia o por la bendición de no sé quién en no sé dónde, se logrará que se pueda mantener un ritmo de vida como el de las celebridades, pero con un ingreso de la clase obrera, llevándonos así al despilfarro de nuestros escasos recursos y a la mencionada agonía de la conciencia de clase, si es que alguna vez existió.

Así comenzamos este análisis. Así comenzamos a apoyar la desmitificación de éstas ideas falsamente esperanzadoras y que ayudan de poco o nada, materialmente hablando, a la construcción de fibras sociales fuertes y sobre todo dignas en las clases medias y bajas de nuestro entorno.

Pero, ¿Por qué insistir en que eso es algo perjudicial para éstos sectores socio económicos? Porque simple y no tan sencillamente, estas son ideologías, que solo ayudan a perpetuar un falso status de clase en las personas, la alienación de las interacciones económicas locales y a caer en un mito de una especie de esperanza mesiánica, por lo que ahora platicaremos un poco sobre estas cosas.

Empecemos por lo básico y hablemos primero de que es una ideología.

Como concepto: "Una ideología es un conjunto normativo de emociones, ideas y creencias colectivas que son compatibles entre sí y están especialmente referidas a la conducta social humana". También, desde otro enfoque se le define como "un conjunto de ideas, conceptos y creencias destinados a convencer universalmente acerca de una verdad que obedece a intereses particulares, es decir, a los intereses de una clase que se presenta como dominante."  Esto significa, más o menos, que son ideas de las que estás convencido o te convencieron, pero no sabes que son parte de una ideología.

Éstas son definiciones sencillas, pero bien explicadas sobre lo que es una ideología, con esto podemos situarnos ahora en el siguiente paso que es establecer que es una conciencia de clase.

Como definición sencilla y explicada es tener "conciencia social" y a su vez, también significa "la capacidad para reconocerse uno a sí mismo, como miembro de una clase social, contrastándola con el resto de las clases: realeza, nobleza, media y pobreza." Este concepto se predica en el contexto de una sociedad estratificada tal y como la vivimos en la actualidad, aunque nos resulte incomodo aceptarlo y nuestras ideologías actuales no nos permita ver la realidad.

Ahora bien, ¿Qué tiene que ver la crítica a las frases mencionadas al inicio con los conceptos de conciencia de clase y con la ideología?

Pues mucho, y desde varios ángulos, quizá uno importante sería desde el punto de vista del consumo, del "que te alcanza y que no" o desde el "consumir para aparentar algo que no soy”. Ambas cuestiones son difíciles de controlar hoy en día, tenemos una altísima exposición a las redes sociales, las cuales no dejan de ser proyecciones digitales de cada individuo, generando una incertidumbre de saber si todo lo que vemos es real, o si algún día podremos llegar a ser capaces de comprar algo como lo que vemos en tal o cual celebridad, sea internacional o local; luchar contra eso, créame, no es nada fácil.

Seguro muchas veces hemos hecho uso de una tarjeta de crédito para comprar cosas que no necesitamos, incluso para adquirir cosas que ni si quiera podemos costear realmente: comidas en restaurantes carísimos, viajes lujosos o la compra de un carro de marca Premium, todas éstas terminan quitándonos un jugoso porcentaje de nuestros ingresos mensuales (a quien los tiene) dejándonos al borde de la bancarrota los próximos "12 Meses sin Intereses" eso si bien nos fue con la promoción de ese día, si no, habrá que pagar otro cachito arriba al costo original ya de por sí bastante elevado.

¿Y qué hay de malo con eso? Nada realmente en el corto plazo y nada superficialmente hablando. Lo que quizá sería necesario preguntarnos es ¿de dónde viene la necesidad de hacerlo? ¿Era necesario? ¿Realmente podía pagarlo? o mejor aún ¿Podría invertir en algo productivo ese dinero que me ayuden en un futuro? es difícil, lo sé, y mucho.

No me mal interpreten, aspirar a cosas lujosas no es malo, para nada, lo "malo" es no tener una conciencia de la realidad, de si te alcanza o no verdaderamente, lo difícil es darte cuenta que nuestro sistema de prioridades en la vida diaria puede ser desconfigurado debido a un ataque de marketing que nos llegó de X o Y lado, incluso por ansiedades de querer encajar en algún círculo social o simplemente mostrar un cierto “poder” adquisitivo a los demás en redes sociales aunque en la realidad sea todo lo contrario.

Ahora veámoslo desde otra perspectiva, ahora numérica, en datos oficiales en 2020 el índice GINI, siendo el indicador “oficial” que mide la desigualdad a nivel mundial, pasó de 0.45 a 0.48 donde 1 es el punto que corresponde a la perfecta desigualdad y 0 es el punto óptimo de igualdad, este resultado confirma, al menos en México, que la verdadera riqueza está concentrada en muy pocas personas, estamos hablando al son del 40% de la riqueza en el 1% de la población; súmenle las diferencias de salarios, entre géneros, ubicaciones geográficas, y demás desigualdades sociales, que aunque muchos se empeñan en negarlo, existen, aunque cerremos los ojos a ellas o volteemos a otro lado, ahí están. 

Además, los índices que delimitan estadísticamente los estratos sociales en cualquiera de sus "clasificaciones" están para reírse. En México se espera, por indicadores, que una familia de 4 personas (2 personas con 2 hijos) no se considere pobre (al menos por ingresos) y que se le empiece a considerar “clase media baja” una vez que accede a un ingreso de aproximadamente 12 mil pesos mensuales que, en lo personal, viendo las inflaciones, especulaciones y movimientos de distintos mercados, es por lo menos absurdo y cercano a ser una burla. En el mundo, viendo otro indicador referente al nivel socioeconómico, se considera que a alguien que gana 1.9 dólares al día, o sea aprox. 40 pesos MXN al día, ya no se encuentra en pobreza extrema, como si con 40 pesos al día pudieras comer por lo menos, dignamente. 

¡Pero claro! ¿Cómo no se nos ha ocurrido antes? con estas condiciones lo único que nos hace falta es echarle ganas y que la gente que es pobre, sencillamente decida ya no serlo, seguro le gusta ser pobre o le gusta batallar semana a semana, le gusta que por ser mujer le paguen un 15-20% menos o que alguien por no tener un Titulo de una universidad privada no pueda ni si quiera participar por una vacante “bien pagada” en una empresa, es tan fácil que no se cómo no se nos ocurre a todos hacer lo mismo.

Ahora bien, regresemos al inicio y al porque este texto se llama “Conciencia de clase vs la promesa que quizá nunca llegará” y esto es porque al menos en México hemos crecido generación tras generación con la promesa de que algún día las cosas se van a mejorar por obra del espíritu santo, la virgen o el presidente y la verdad es que con las condiciones actuales, sociales y económicas esto se torna mucho más difícil que en épocas anteriores. Una sociedad que es fundada en la esperanza y en promesas de que todo va a mejorar “mañana” o que alguien va a corregir el sistema de un día para otro y que a todos les vaya bien, es una sociedad que está esperando un mero golpe de suerte, con una ínfima probabilidad de éxito, lo que quiero decir es que si queremos cambios en nuestras vidas tenemos que trabajar, en equipo, tomar una responsabilidad individual y hacer lo estratégicamente correcto y no lo inmediatamente rentable, solo así lograremos dar un paso hacia adelante a una sociedad más digna y justa.

Como sociedad peleamos con el coraje político de que nada cambia, pero individualmente seguimos malgastando nuestros recursos, y sí, antes de que me lo digan, definitivamente es problema de cada quién, el problema es a la hora de dimensionar las consecuencias. No esperemos que, por el simple hecho de creernos de una clase alta, comprarnos un carro sedán, rentar un departamento o salir de fiesta uno o dos fines de semana al mes, ya pertenecemos a esa clase alta, menos que podamos mantener ese ritmo sin consecuencias en un futuro cercano, más aún si de ti depende una familia.

No se trata de vivir como estereotípicamente se nos muestra que vive un pobre, no me mal entiendan, no se trata de encerrarnos en las casas y vivir encarcelados para no gastar, se trata de generar una conciencia de la situación social y económica en la que vivimos, se trata de abrir los ojos y darnos cuenta de la realidad de nuestra ideología, se trata de ser conscientes de que podemos consumir y de hacerlo al nivel de nuestras posibilidades reales, se trata de ser conscientes de que un sueldo fijo o un emprendimiento no te hace automáticamente merecedor a un status social más alto, la realidad pesa en el corto plazo, pero con trabajo y administración se vuelve muy sana conforme pasa el tiempo.


Para este final, termino con lo que desde lo que mi ignorancia me permite entender, es la conciencia de clase: es despertarte y saber en qué puedes o no puedes despilfarrar, es abstenerte de entrar a Amazon y pedir cosas sin sentido, es hacer una lista del supermercado de lo que vas a comer en la semana para que no se te eche a perder la comida en el refrigerador, es analizar financieramente o pedir ayuda para hacerlo para saber si puedes o no comprar, mantener y pagar esa casa o ese carro, o aún más sencillo, si de verdad lo necesitas. Conciencia de clase es saber que tu futuro depende de las acciones conjuntas entre sociedad e individuo, de tu trabajo y del de los demás, de tu administración y de la capacidad de en conjunto crear riqueza de una manera justa y equitativa, así como de la conciencia de saber que debes prepararte para que, si hay un paso en falso en tu caminar, se minimicen las pérdidas o los daños. Conciencia de clase es soñar cosas reales y trabajar por ellas. Conciencia de clase es ser consciente de quien eres, de donde estás parado y de hasta donde puedes llegar con pasos reales y firmes. 

No está mal soñar con ser multi millonario, la discrepancia está en defender los "derechos" de esas personas antes de los de tu propio estrato social. No está mal tener un departamento con vista al mar, o un carro de las marcas más prestigiosas del mercado, pero ¡hey!, no es un derecho, es una promesa, la cual se te hizo desde una ideología a la que se te ha hecho creer que perteneces pero tal vez no es así, desde personas con privilegios estructurales con las que tienes casi nada en común, desde un sistema del cual solo un pequeño porcentaje se beneficia hoy en día y que por lo que se ve, conviene que se quede así. De verdad la trampa ideológica es muy grande, es como un espejismo en medio del desierto más caliente del mundo, como una promesa de que estarás a salvo de tu super héroe favorito, pero que por múltiples razones, es una promesa que en la situación actual de la sociedad, quizá nunca llegará.


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